Dios y Señor de los Ángeles,
a quienes encomendáis la guarda de los hombres;
Os ofrezco los merecimientos
de estos Soberanos Espíritus
y los del Príncipe de los Ángeles,
que por sí y por medio de sus Ministros
guarda la Naturaleza humana,
para que me guardéis de todo pecado
y me concedáis una pureza angélica.
