Oh esclarecida Virgen, Rosa celestial,
que con el buen olor de vuestras virtudes
habéis llenado de fragancia a toda la Iglesia de Dios
y merecido en la gloria una corona inmarcesible;
A vuestra protección acudimos
para que nos alcances de vuestro celestial Esposo
un corazón desprendido de las vanidades del mundo
y lleno de amor divino.
¡Oh flor la más hermosa y delicada
que ha producido la tierra americana!

